De la bipolaridad al monolito: siete legislaturas cuentan una historia
reportesLa pregunta que quedó en el aire
En Poder, disciplina y el mito de la oposición presenté los resultados de analizar la LXVI Legislatura con herramientas de teoría de grafos: 199 votaciones, 98,322 votos individuales, 567 legisladores. Lo que encontré fue un Congreso donde la co-votación dibujaba dos bloques nítidos, donde MORENA concentraba el 83% del poder empírico en mayoría simple y donde la disidencia era, literalmente, ruido estadístico.
Fue una radiografía detallada. Pero era una radiografía de un solo momento.
Cuando publiqué ese artículo, la pregunta que me quedó dando vueltas era inevitable: ¿esto es nuevo? ¿El Congreso siempre fue así, o algo cambió? Una legislatura es una fotografía; para saber si lo que ves es una tendencia o una anomalía necesitas una película completa.
Así que el Observatorio del Congreso no se quedó quieto. Se puso a ver historia.
De una fotografía a una película
La LXVI Legislatura tenía 199 votaciones nominales. Cuando decidí expandir el análisis hacia atrás, no sabía exactamente qué iba a encontrar. Las bases de datos de la Cámara de Diputados no son precisamente amigables; cada legislatura tiene su propio formato, sus propias inconsistencias, sus propios agujeros. Scrapear siete legislaturas — de la LX a la LXVI — fue un trabajo de meses, no de fines de semana. Tuve que aprender a limpiar datos que venían rotos de fábrica, a normalizar nombres de legisladores que aparecían de tres formas distintas, a lidiar con votaciones donde faltaban registros completos.
Pero lo que emergió al final fue una base de datos que vale la pena describir en voz alta: 786 votaciones nominales, 692,592 votos individuales, 3,220 personas distintas que ocuparon una curul en algún momento entre 2006 y 2024. Siete legislaturas completas. Dieciocho años de actividad legislativa convertidos en grafos.
La diferencia entre analizar una legislatura y analizar siete no es solo una cuestión de cantidad. Es una diferencia cualitativa. Con una legislatura puedes decir “así se comportó el Congreso en este periodo”. Con siete puedes preguntar: “¿cuándo cambió?”. Puedes trazar trayectorias, identificar puntos de inflexión, comparar épocas.
Para hacerlo de forma sistemática, construí cinco ventanas temporales que recorren las siete legislaturas. Cada ventana captura un periodo y permite ver cómo se relacionan los legisladores entre sí — quién vota con quién, qué tan cohesionados están los partidos, si existen bloques estables o si se reconfiguran con el tiempo. No es una foto fija por legislatura; es una secuencia que permite detectar movimiento real.
Y el movimiento que encontré no es sutil.
Lo que aprendimos de siete legislaturas
Aquí está el hallazgo central del Observatorio hasta hoy, y vale la pena explicarlo con calma.
Cuando analizo la co-votación —es decir, qué tanto dos legisladores votan igual— y le pido a un algoritmo de detección de comunidades (Louvain, para quien quiera el nombre técnico) que identifique los grupos naturales que se forman, obtengo un número: la modularidad. Es una métrica que mide qué tan claros son los grupos en una red. Piénsenlo así: 0.5 significa que hay dos mundos separados, nítidos, casi sin puente entre ellos. 0.04 significa que el algoritmo no encuentra grupos distinguibles — la red es prácticamente uniforme.
Durante las legislaturas LX y LXI (2006-2012), la modularidad rondaba 0.48. Dos bloques claros: PAN por un lado, PRI-PRD por otro. Era un Congreso bipolar. La competencia entre partidos se traducía, literalmente, en dos mundos de votación separados. Lo mismo observo en las legislaturas LXIII y LXIV (2015-2021): modularidad cercana a 0.48, dos bloques visibles, aunque con actores distintos.
Y entonces llega MORENA.
En la LXV Legislatura (2021-2024), la modularidad cae a 0.08. En la LXVI, baja a 0.04. El algoritmo que antes encontraba dos bloques nítidos ahora dice, básicamente: “no hay grupos. Todo es uno”. No es que MORENA sea un bloque entre varios. Es que MORENA absorbe la estructura completa del Congreso. La oposición vota con MORENA lo suficiente como para que la red no tenga fracturas visibles.
Esto no es una interpretación. Es lo que dicen los datos.
Y hay más. La disciplina interna de MORENA —qué tan cohesionado vota el partido— sube de 0.973 en las primeras legislaturas donde tiene presencia a 0.997 en la LXVI. Cuando redondeas, eso es 100%. Un partido que ya era extraordinariamente disciplinado se volvió aún más disciplinado. La fracción de legisladores morenistas que disienten es tan pequeña que resulta estadísticamente irrelevante.
¿Y la estabilidad? Aquí entra otro número que me llamó la atención. El Índice Rand Ajustado (ARI) compara cómo se agrupan los legisladores de un periodo al siguiente. Un ARI de 1.0 significa que los bloques son exactamente los mismos: mismas alianzas, mismas líneas de fractura, sin reconfiguración. Entre la LXV y la LXVI, el ARI es 1.0. Estabilidad coalicional perfecta. Lo que funcionó en la LXV se replicó idéntico en la LXVI. Mismos bloques, mismos aliados, mismos adversarios.
Finalmente, la frontera entre bloques —la co-votación cruzada, es decir, qué tanto alguien de un bloque vota con alguien del otro— ha ido cayendo. En la LXVI está en 0.50. Si te parece que 0.50 es la mitad y por tanto no es tan bajo, piensa en esto: cuando la red es bipolar (modularidad 0.48), la co-votación entre bloques es alta precisamente porque hay negociación, hay votos cruzados, hay puntos de encuentro. Que baje a 0.50 cuando la modularidad es 0.04 significa que ni siquiera la negociación necesaria para mantener la apariencia de pluralidad está funcionando. Los bloques se alejan cuando, paradójicamente, ya no hay bloques distinguibles — solo hay un centro que lo domina todo y una periferia que no tiene cómo pesar.
La historia que cuentan estos números es la siguiente: México tenía un Congreso bipolar. No era perfecto, no era ideal, pero tenía una estructura de competencia visible en los datos. MORENA no solo ganó elecciones — transformó la estructura del Congreso. Pasamos de un sistema donde el algoritmo veía dos mundos a uno donde ve uno solo. La pregunta de si eso es bueno o malo es legítima, pero no es una pregunta que los datos respondan. Lo que los datos dicen es: así es.
Lo que el Observatorio aún no puede ver
Con siete legislaturas y grafos dinámicos en la mesa, hay herramientas que antes no eran viables y ahora sí lo son. No las voy a desarrollar aquí —basta con nombrarlas para quienes quieran saber hacia dónde camina esto.
Primero, NOMINATE. Es el método que desarrollaron Poole y Rosenthal en los años ochenta para posicionar a cada legislador en un espacio ideológico. Con 786 votaciones acumuladas, ya hay suficientes datos para construir un mapa ideológico del Congreso mexicano comparable al que existe para el Congreso estadounidense. No es una metáfora: cada legislador tendría coordenadas (x, y) que representan su posición en un espacio de dimensiones políticas. Es el siguiente paso natural.
Segundo, detección de actores externos. Los modelos de co-votación asumen que los partidos explican todo el comportamiento legislativo. Pero sabemos que no es así: hay gobernadores, grupos empresariales, organizaciones sociales, e incluso actores internacionales que influyen en cómo vota un legislador. La idea es usar clustering sobre los residuos del modelo —lo que el modelo no puede explicar— para identificar patrones de influencia que no son partidistas.
Tercero, relaciones de poder. No basta con saber quién vota con quién. Hay que saber quién tiene peso en esa relación. Estoy trabajando en un modelo que asigna pesos a múltiples señales simultáneamente: co-membership en comisiones, co-votación, documentos compartidos, co-sponsorship de iniciativas. La combinación de estas señales puede revelar una red de influencia que no coincide necesariamente con la estructura formal del Congreso.
Cuarto, Popolo-Graph. Todo esto necesita infraestructura. Estoy construyendo el Observatorio sobre el estándar Popolo —un formato abierto para datos de personas políticas— con tres extensiones propias para representar relaciones, grafos dinámicos y metadatos legislativos mexicanos. Sin esa base, cada análisis es un esfuerzo aislado; con ella, cada nuevo dataset se conecta automáticamente con los anteriores.
Un observatorio, no un veredicto
Quiero cerrar con algo que me importa decir claro.
El Observatorio del Congreso es una herramienta. No es una conclusión, no es un veredicto, no es un argumento a favor o en contra de nada. Es un conjunto de métodos y datos que permiten ver cosas que de otra forma serían invisibles. Si el Observatorio sirve para algo, es para eso: para hacer visible lo que la discusión política cotidiana ignora o distorsiona.
Los datos van a crecer. Los métodos se van a refinar. Los patrones que veo hoy podrían matizarse mañana, o confirmarse, o complicarse de formas que no anticipo. Eso no es una debilidad — es exactamente cómo debería funcionar un observatorio.
Pero con lo que tengo ahora, la dirección es clara: el Congreso mexicano cambió de estructura. Pasó de bipolar a monolítico en el sentido más literal que la matemática permite. Eso no es una opinión. Es lo que detecta un algoritmo cuando le pides que encuentre comunidades en una red de 692,592 votos.
Lo que siga después —lo que significa para la democracia, para la representación, para el equilibrio de poderes— ya no es territorio del Observatorio. Es territorio de todos.
Fuentes
- Poole, K. T., & Rosenthal, H. (1985). A spatial model for legislative roll call analysis. American Journal of Political Science, 29(2), 357-384.
- Blondel, V. D., Guillaume, J.-L., Lambiotte, R., & Lefebvre, E. (2008). Fast unfolding of communities in large networks. Journal of Statistical Mechanics: Theory and Experiment, 2008(10), P10008.
- Hubert, L. J., & Arabie, P. (1985). Comparing partitions. Journal of Classification, 2(1), 193-218.
- Shapley, L. S. (1953). A value for n-person games. En H. W. Kuhn & A. W. Tucker (Eds.), Contributions to the Theory of Games II (pp. 307-317). Princeton University Press.
- Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Artículos 135 (reforma constitucional), 72-C (proceso legislativo), 63 (quórum y votación).