"Anomalías" que explotan: SpaceX, cuatro meses después

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Un satélite Starlink explotó en órbita. SpaceX lo llama “anomalía”. La misma palabra que usó en diciembre cuando pasó exactamente lo mismo.

El segundo “anomalía” en cuatro meses

El 29 de marzo de 2026, Starlink-34343 se desintegró a unos 560 kilómetros de altitud. La empresa matriz SpaceX confirmó el evento un día después. LeoLabs, la firma de seguimiento radar, detectó “decenas de objetos” rastreables. La causa oficial: una fuente energética interna — no una colisión. Esto significa que algo dentro del satélite falló de forma catastrófica. No impacto de basura espacial. No cohete reliquat. Un problema de diseño o manufactura que la propia SpaceX aún no ha explicado en detalle.

Si esto le suena familiar, es porque pasó antes. En diciembre de 2025, otro Starlink sufrió el mismo tipo de falla. SpaceX prometió correcciones. Cuatro meses después, el patrón se repite con la misma etiología. No hay evidencia pública de que las lecciones de diciembre se tradujeran en cambios tangibles.

Hablamos de una flota de casi 10,000 satélites operativos — 9,986 según conteos de KeepTrack.space (marzo 2026). SpaceX opera el 66.7% de todos los satélites activos en órbita terrestre. Es, con distancia, el actor dominante del sector. Y cuando algo falla en esa escala, las implicaciones son sistémicas.

El ecosistema regulatorio que no existe

Aquí es donde la historia se pone incómoda.

La FAA, bajo presión de la industria, retiró en marzo de 2026 una propuesta de regla sobre residuos orbitales. La Liability Convention de 1972 — el tratado internacional que teóricamente debería asignar responsabilidad por daños en órbita — no tiene dientes. Nunca los tuvo realmente, pero la falta de precedentes de enforcement la convierte en papel mojado.

La Unión Europea tiene el Space Act, pero su capacidad de enforcement no entra en vigor hasta 2028. Para entonces, la flota de Starlink habrá crecido otro 20% fácil.

La FCC tiene la regla de los 5 años: los operadores deben desmontar satélites dentro de ese plazo tras el fin de su misión. Es lo único con algo de peso regulatorio. Pero aplica a satélites nuevos, no resuelve el problema del parque actual.

El resultado: SpaceX se supervisa a sí misma. No hay tercero independiente verificando que las “anomalías” de diciembre se corrigieron. No hay auditorías obligatorias. No hay consecuencias — y hasta ahora, las consecuencias legales son cero.

El near-miss que nadie quiere hablar

En diciembre de 2025, Starlink-6079 pasó a unos 200 metros de un satélite chino operando a 560 kilómetros. SpaceX respondió bajando las órbitas de aproximadamente 4,400 satélites. Sonaba a respuesta decisiva. Pero los números cuentan otra historia: en 2025, las maniobras evasivas de Starlink alcanzaron cerca de 300,000 según datos de SpaceX reportados a la FCC — un 50% más que en 2024.

El sistema de evitación funciona en el sentido de que evita colisiones. Pero la frecuencia de near-misses sigue subiendo. Cada vez que un Starlink se cruza con otro objeto, hay una danza orbital que alguien tiene que coordinar. Y cuando 6 de cada 10 satélites en órbita son de SpaceX, esa carga recae desproporcionadamente sobre ellos — que técnicamente la gestionan bien, pero que también son la causa principal del problema.

La ironía es que solo sabemos de estos incidentes porque LeoLabs los detecta y reporta. SpaceX confirma o matiza, pero no inicia la conversación. Estamos dependiendo de que una startup californiana con radares vigile a la empresa que pone el 67% de los satélites en órbita.

Mientras tanto, “anomalía” sigue significando explosión, y las promesas de corrección siguen siendo exactamente eso: promesas.

Fuentes